Un excéntrico y controvertido artista postmodernista y una actriz pornográfica tienen un hijo, al quien bautizan con el nombre de un antiguo monarca conocido por su locura. La pareja se separa, y el hijo va a vivir con su madre. Es una historia verdadera, que se dio entre la italiana Cicciolina y el estadounidense Jeff Koons, pero también la trama de Cesarión de Tommy Wieringa, quien se inspiró en los hechos. La novela cuenta el recorrido del joven cuando decide abandonar su hogar para atravesar varios países con el deseo de encontrar y conocer a su padre.        

El autor ya estaba fascinado por la historia, en especial porque “Cicciolina fue un hito en mi desarrollo sexual, era divertida, chistosa y extraña”. La actriz luego se lanzó a la política y alcanzó a ser parlamentaria en Italia. Algunos creían que su relación con el artista estadounidense, cuya obra se destaca por el uso del kitsch y la monumentalidad, era en realidad una forma de performance art. “Con Koons son dos mega-personajes. Cuando vi que tuvieron un hijo no podía parar de pensar ¿Qué tipo de niño produce esa unión?”.           

Escribió la historia de Ludwig, el nombre del hijo de Cicciolina y al igual que su personaje principal, como una “biografía de una vida por vivir” esperando producir “una historia extraña y grotesca”.  Hasta el nombre es “un presagio trágico” ya que Ludwig de Bavaria vació los cofres de su reino construyendo lujosos castillos antes de morir en circunstancias extrañas. Pero al terminar la novela se sorprendió al descubrir que “no es un monstruo. La verdad es una vida mediocre. Él ansía algo normal, ansía no avergonzarse de su familia. Lo que todos queremos”.       

Wieringa, periodista y novelista holandés que pasó gran parte de su juventud en el Caribe, conoce muy bien la sensación. Cuando regresó a Holanda “me tuve que acostumbrar a algo totalmente nuevo. No pertenecía en ningún lugar; es una posición privilegiada y a la vez desconectada”.  Sonríe al decir que puede presentarse como un hombre caribeño, o un holandés, o ninguno de los dos: “me dio con qué trabajar”.     

La complejidad de la identidad es central a Cesarión, que toma su nombre del hijo de Julio César y Cleopatra. Al igual que Wieringa, y los dos Ludwig, perteneció a más de un mundo, y a ninguno. Tommy Wieringa invita a los lectores a acompañar a su personaje en un viaje de autoconocimiento y autoaceptación. Ludwig sale de su hogar para buscar a su padre y se encuentra el mismo. Como señala Wieringa, es lo que todos queremos.   


visitas

más noticias

Continuar
Suscríbase