biografía

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Nanette Blitz fue compañera de pupitre de Ana Frank. Tras la guerra emigró a Brasil (Foto: Pablo Villarubia)

Una sobreviviente: Nanette Blitz y el Holocausto

En 1945, casi al final de la guerra, dos compañeras de colegio se reencontraron en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Tenían alrededor de 15 años y, esqueléticas y enfermas, casi no lograron reconocerse. Una de ellas era Ana Frank, quien no sobrevivió la guerra, aunque su historia sí. La otra era Nanette Blitz, quien superó los estragos de la Segunda Guerra Mundial y los horrores del Holocausto, cruzó un océano hacía Brasil para establecer una familia y aprendió un quinto lenguaje con el cual completó un título universitario. El año pasado, a los 86 años, escribió su historia en el libro Sobreviví al Holocausto, que será traducido del portugués a tiempo para la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Nanette Blitz nació en 1929, el mismo año que Frank, como parte de una bien establecida familia judía de clase media en Ámsterdam. Su padre era un banquero en la administración del Amsterdamsche Bank. A pesar de tener una infancia aplacible, Blitz nos cuenta que aun en los años de pre-guerra su familia era sensible al “antisemitismo latente, que salió a la luz cuando los nazis invadieron el país”. Recuerda un incidente puntual. Cuando era niña su padre le dijo “soy el director del banco a pesar de ser judío”. Llegada la hora, el tuvo que renunciar su cargo para cumplir con las normas que impusieron los nazis al invadir Holanda. Esas normas también establecieron escuelas separadas para estudiantes judíos, incluido el Liceo Judío de Ámsterdam, donde Blitz conoció a Ana Frank en 1941.

Fue poco el tiempo que tuvieron juntas: la familia Frank se escondió en 1942, poco después de celebrar el cumpleaños número 13 de Ana. En esa fiesta le regalaron su famoso diario y Blitz le regaló un broche. Al año los Blitz fueron llevados al campo de tránsito de Westerbork, del cual deportaban todos los judíos holandeses a Polonia y Alemania. De los aproximadamente 110.000 judíos deportados, solo 5.450 volvieron. Los transportaron a Berger-Belsen, un campo supuestamente "privilegiado" al no ser un considerado un campo de exterminio. Ahí sufrieron inanición, frío, agotamiento, piojos, tortura y luego la epidemia de tifus, aunque no raparon sus cabezas ni les tatuaron números en los brazos.

El padre de Blitz murió allí en 1944, y luego su madre y su hermano fueron deportados del campo en transportes separados. Ambos murieron poco tiempo después; su hermano solo tenía 17 años. Blitz, sola en Berger-Belsen, tuvo un encuentro cara a cara con el comandante del campo, Josef Kramer, conocido como la 'Bestia de Belsen'. Salió ilesa, pero dice que fue "pura suerte". Hacia el final de la guerra, el alambre de púas que separaba las secciones del campo fue removido. Blitz había espiado a Ana Frank del otro lado, y al descubrir que ya nada la detenía fue a buscarla. Pudo abrazarla por última vez y cuenta que su amiga todavía soñaba con poder ser escritora y publicar sus experiencias.  No la volvió a ver. Pero cuando se recuperaba de los efectos del campo –pesaba solo 32 kilos–, recibió una visita de Otto Frank.

“[Ana] siempre estaba escribiendo, le gustaba mucho y se hubiera convertido en una muy buen escritora” dice la holandesa, quien además asegura que “nunca compartí esa inclinación”. Por eso su libro habría de esperar; en vez se dedicó por años a dar charlas sobre el Holocausto. Ha colaborado con profesores universitarios y realizadores de documentales para compartir su experiencia y la de Ana Frank. Señala que "no podemos decir 'no va a volver a ocurrir algo como el Holocausto’, desafortunadamente si es posible [...] tenemos que estar conscientes de las condiciones económicas, del anti-semitismo que existe donde sea que estemos [pero] ahora tenemos entidades que son vigilantes [y] esa vigilancia que tenemos ahora ha ayudado mucho".

Ese esfuerzo por crear consciencia la motivó escribir su libro al fin, a pesar de no sentirse escritora. En la obra  trata de "no ahondar tanto en [los detalles] del Holocausto, pues ya se han documentado extensamente los campos. [En vez] quise escribí un libro sobre reestablecerse, lidiando con el trauma, yo pasé tres años en un sanatorio y tenía la gran desventaja de no tener educación secundaria".

Después de la guerra, Blitz se reunió con miembros de su familia extendida en Londres, al terminar una larga recuperación en Holanda. Aunque una tía la matriculó en la universidad, insistió en buscar un trabajo. Al igual que su padre, y gracias a su influencia, trabajó en un banco. Blitz cuenta que "en la entrevista, [me] seguían preguntando si tenía referencias, y dije que no, por [lo que había pasado], y me dijeron 'Señorita, un director de este banco aceptó una apuesta que dice que usted es la hija de [su padre], él solo quiere saber si ganó esa apuesta porque si es verdad, obtuvo el trabajo el momento en el que entró' lo cual fue increíble. [Mi padre] era muy bien conocido en el mundo de los banqueros." Blitz se quedó en el cargo, de secretaria bilingüe inglés-alemán, hasta que se casó.

Su esposo, John Konig, nació en Hungría y se mudó con su familia a Inglaterra en 1935. Fue ahí que se conocieron. Blitz dice que los jóvenes judíos en Inglaterra "no sabían bien lo que había ocurrido en el continente [entonces] era difícil [conectarme con ellos]. Yo era mucho más madura, tenía una historia muy distinta, lo cual solo es lógico. [Con John] se ve la diferencia, parte de su familia en Hungría fue asesinada [en el Holocausto]. Él no era como el resto porque sabía muy bien que había significado la guerra." El joven también había perdido sus padres al final de la guerra. La familia que le quedaba había emigrado a Brasil en los años treinta, y le habían pedido que se uniera a ellos. A las seis semanas de conocer a Nanette Blitz, se fue a Sudamérica.

Durante dos años se escribieron cartas hasta que Konig le propuso matrimonio, en 1953. "Nos enamoramos por medio de las cartas" dice Blitz; cartas que todavía conservan. Él viajó a Inglaterra, donde se casaron, preocupados porque los documentos que probaban que sus respectivos padres de habían casado en la tradición judía se habían perdido en la guerra. Pero el rabino no les puso problema y se celebró el matrimonio en agosto del 1953. Después partieron juntos a Brasil, donde Blitz estudió economía y se certificó cómo traductora de inglés-portugués. Habla cinco idiomas: holandés, inglés, alemán, portugués y francés, aunque dice que ya casi no habla el último. En los meses antes de la ceremonia, Blitz regresó a Holanda para cerrar algunos asuntos; "nunca me fui realmente de Holanda" dijo.

Las palabras resumen todo lo que todavía la agobia. Además de sufrir "terribles pesadillas" hasta el día de hoy, ha expresado que los efectos se han extendido hasta "mis tres hijos, de distintas maneras. [Cuando] eran pequeños, yo nunca hablaba de eso [pero] pensé que iban a tener una formación distinta a sus compañeros de clase. Cada uno tuvo una reacción diferente. Mi hija, la mayor, fue a quien más le afectó mi historia y todavía sufre por eso, pero los dos [menores] también la conocen. Están muy conscientes de lo que pasó, no tienen abuelos, tías, tíos, primos, nadie. [Es] inevitable que un niño se dé cuenta de eso". 


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