histórico

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Mapamundi, 1662. Atlas Blaeu-van der Hem.
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Vista de la isla de Makián y de la aldea de Ngofakiaha en las Islas Molucas (actual Indonesia). Atlas Blaeu-van der Hem.
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Retrato de Michiel de Ruyter, almirante holandés. Atlas Blaeu-van der Hem.

Los mapas, el mundo y Holanda

Vivimos en una época en la que Google emplea a unas 7.000 personas para producir mapas digitales. Hoy se han convertido en una parte integral de nuestras vidas, convenientemente accesibles por celular o internet y elaborados con la última tecnología. Cualquier dirección desconocida, así esté del otro lado del mundo, se puede encontrar con tan sólo tocar un botón. Es fácil olvidar que los mapas no siempre han sido igual de ubicuos, si bien en épocas pasadas eran mucho más cruciales. América se exploró y se pobló entre el siglo XV y el siglo XVIII a partir de mapas, sin el beneficio de imágenes satelitales o programas de dibujo. Durante esos años, el rey de los mapas no era Google. Era Ámsterdam.

En ese entonces, los mapas holandeses tenían fama de ser los más completos y agradables de contemplar. El país se había encontrado en una posición propicia para su producción, al contar con una motivación política y al estar a la vanguardia de la tecnología cartográfica, en un momento en el que la demanda estaba disparada por los viajes de Cristóbal Colon y Vasco da Gama. Ámsterdam se volvió el centro cartográfico de Europa, haciendo mapas no solo detallados sino de un alto valor estético y así revolucionando la cartografía y dándole nombre a las cartas náuticas. Hoy, esos esfuerzos figuran en la lista UNESCO de patrimonio de la humanidad.

La tecnología de los mapas avanzó considerablemente en los siglos XV y XVI con la imprenta. Se podían producir muchos más con menos esfuerzo. También eran más acertados: Gemma Frisius, holandés, estableció el uso de la triangulación en la cartografía, que hizo más precisas las distancias representadas. Se utilizó por primera vez en mapas de los Países Bajos ordenados por Felipe II, el rey de España, reino que en esa época era dueño de Holanda. No sorprende entonces que las expediciones españolas al Nuevo Mundo motivaron la producción inicial de mapas holandeses. Los Países Bajos iniciaron una guerra por su independencia en 1568, y en Ámsterdam se concentraron los científicos y comerciantes que huyeron del conflicto.

La economía holandesa se vio profundamente afectada cuando cortó sus lazos con España, una potencia mundial. Para compensarlo, los neerlandeses se dedicaron a establecer sus propias rutas de comercio con la India y con Asia, valiéndose de la información que habían acumulado durante los viajes que habían hecho bajo órdenes españolas. Así desarrollaron cartas náuticas, representaciones a escala de aguas navegables y las costas aledañas. Lucas Jansz Waghenaer las perfeccionó y elaboró el primer atlas, o colección de mapas, marino, que además incluía instrucciones de navegación. La importancia fundamental de la obra fue tal que se tradujo al inglés, latín, francés y alemán. Durante siglos, la palabra en inglés para todos los tipos de cartas náuticas fue "waggoners", una corrupción de ‘Waghenaer’.

En esa época, el valor económico, militar y diplomático de los mapas era tal que a menudo se trataban como secretos nacionales o comerciales. Un ejemplo son los de Johannes Vingboons, quien produjó varios atlas para Cosimo II de Medici y la Reina Cristina de Suecia. Si bien sus obras tenían funciones prácticas, Vingboons también era conocido por sus acuarelas, que empleaba como decoraciones en los mapas que hacía para príncipes y comerciantes adinerados. Como las colecciones de mapas no tenían una connotación ornamental, buena parte de la clientela los compraba para subrayar su estatus sociopolítico y económico.

El más famoso es el Atlas Blaeu-van der Hem, hoy ubicado en la Biblioteca Nacional de Austria, en Viena. Laurens van der Hem, abogado radicado en Ámsterdam que vivió de 1621 a 1678, recopiló el libro, cuyo contenido incluye 2.400 mapas, grabados y dibujos. La UNESCO lo reconoce cómo parte del Registro de la Memoria del Mundo por su contenido geográfico, topográfico, arqueológico, arquitectónico, etnográfico, náutico y folclórico. Retrata a las personas, inventos, y lugares más famosos del siglo, dándonos una ventana a su mundo.

Pero los mapas contienen mucha más información de la que está impresa en sus páginas. Yuval Noah Harari, en su libro De animales a dioses. Breve historia de la humanidad, plantea un vínculo entre la mentalidad y los mapas, en otras palabras entre la manera en que los humanos ven el mundo y la manera en que representan el mundo. Antes del siglo XV, en el Medioevo, los mapas parecían mostrar la totalidad del mundo. No parecían haber regiones desconocidas porque se omitían de los mapas o eran rellenadas con información imaginaria; nunca admitían una falta de conocimiento. Pero luego los navegantes empezaron a dibujar mapas con espacios vacíos. Esas partes en blanco señalaban un desarrollo en el conocimiento acerca de la Tierra, pero además un cambio ideológico: una admisión de ignorancia. Esos espacios vacíos despertaban la curiosidad de los exploradores, así impulsando el espíritu del descubrimiento. Los mapas eran a la vez la herramienta y la motivación de los viajes. Si los mapas que dejaron los cartógrafos holandeses nos muestran las prioridades, tensiones y valores de su sociedad en 400 años, ¿qué será que dice Google Maps de nosotros? 


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