urbanismo y arquitectura

Arquitectura (01)
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Los ‘Superdutch’ y el fenómeno de la arquitectura holandesa

¿Qué tiene en común el edificio más ‘inteligente’ del mundo, un suburbio compuesto de edificios flotantes, una enorme turbina de viento habitable, el Parque Lineal Rio Cali y el futuro Centro Administrativo Nacional (CAN) de Bogotá? Todos son ejemplos de arquitectura holandesa, conocida en el mundo por ser vanguardista e innovadora. En Holanda, según cifras de su gobierno, hay más de 15.000 arquitectos, una designación que incluye arquitectos de interiores, planificadores urbanos, ingenieros civiles y paisajistas. Camila Pinzón, urbanista colombiana que vive en Holanda desde hace 15 años, explica que en ese país ven el urbanismo como una industria creativa y “valoran el aporte del diseño [a la construcción]”.

El reconocimiento mundial de la arquitectura holandesa surgió a partir de los llamados “Superdutch” liderados por Rem Koolhaas en los años noventa. Es su firma OMA (Office for Metropolitan Architecture) la que va a renovar el CAN. Koolhaas se volvió famoso rompiendo las tradiciones arquitectónicas, planteando nuevas formas y funciones en los edificios para servir las necesidades humanas. Uno de sus edificios más célebres es la sede de la Televisión Central de China, un rascacielos que diseñó en forma de un arco irregular. Se construyó como tres edificios independientes que unieron al final, con una fachada abierta en el centro. Los arquitectos Superdutch se caracterizan por ser dinámicos e inventivos, enfocándose en el uso creativo de los materiales. Otros exponentes del movimiento son UNStudio, Mecanoo, West8, que lidera la megaobra de Cali, y MRVDV, que va a diseñar el pabellón de Holanda en  la FILBo de este año. 

Pero los Países Bajos siempre ha sido un pueblo de diseñadores debido a que un tercio del país está por debajo del nivel del mar. Desde hace siglos, los holandeses le han ido ganando tierra al mar, creando espacios habitables por medio del uso de canales, diques y represas. El mismo país es una construcción humana. En consecuencia, deben mantener continuamente las barreras contra el mar. Christiaan Nieman, arquitecto y diseñador holandés, explica que históricamente era una labor que se desempeña de manera "colectiva, en consenso" porque requería de la participación de toda la comunidad. Esas realidades han fomentado una mentalidad extremamente pragmática a la hora de construir: un proyecto se considera desde todos los ángulos para que utilice un mínimo de recursos y resuelva el máximo número de necesidades posibles.

Nieman señala que muchos proyectos son "sin contrato y sin cliente": en vez de que alguien venga a contratarlos, son los arquitectos y los urbanistas quienes buscan proyectos, usando subsidios del gobierno para hacerlos. Por su parte, el mismo gobierno investiga y promueve proyectos a todos los niveles. Al igual que los antiguos holandeses, trabajando juntos para mantener los diques y los molinos, buscan gestionar obras que van a proveerles algo a todos.

Dado que los métodos que protegen a la tierra del mar hacen difícil la expansión de los espacios habitables, existen incentivos para encontrar otras soluciones. Una de ellas es IJburg, el distrito flotante de Ámsterdam diseñado para lidiar con la escasez de terreno de la ciudad. Sobre el lago IJmeer, los holandeses han desarrollado casas flotantes que tienen tres habitaciones, dos baños y 167 metros cuadrados. Parecen casas normales, pero se pueden desplazar sobre el lago. La comunidad cuenta con colegios, restaurantes, bares y hasta iglesias. Quizá sus arquitectos, la firma Architectenbureau Marlies Rohmer, se inspiraron en Giethoorn, ‘La Venecia de los Países Bajos’, un pueblo de más de 800 años que no tiene calles.  En vez, cuenta con canales que se navegan en pequeños barcos.

Esa necesidad de sacarle el máximo provecho a los recursos limitados se ve en la Rueda de Viento Holandesa, una construcción propuesta para Rotterdam. La enorme rueda, pensada para el año 2025, generaría energía eólica, captaría y reutilizaría agua de lluvia y adentro contaría con 72 apartamentos, un hotel y un restaurante. En un solo espacio supliría de manera sostenible las diversas necesidades de los habitantes de la ciudad. La perspectiva holandesa es que la construcción es colectiva y conjunta y a menudo eso significa que su proceso es más importante que el producto final. 

A los holandeses les preocupa la tecnología y la sostenibilidad y ningún otro edificio lo demuestra tanto cómo el más ‘inteligente’: The Edge (El borde), la sede de la consultora financiera Deloitte en Ámsterdam. El edificio no solo regula la luz y la temperatura al agrado de los empleados, sino que además reconoce sus vehículos y hasta los dirige a un espacio de parqueo. El edificio les sigue el rastro a través de una aplicación, que coordina el horario de sus 2.500 empleados y usa páneles solares y sensores para optimizar el uso de energía y recursos del edificio. A la vez, cuenta con un corredor ecológico con espacios para aves, murciélagos y abejas. Con un uso de energía sostenible y una base de datos que evoluciona, The Edge encarna un futuro donde la tecnología está tan integrada dentro del ambiente laboral que lo constituye.  El edificio ejemplifica la interdisciplinaridad y creatividad que caracteriza el diseño holandés. 


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