Cuando los españoles se posesionaron de las islas de Curaçao, Aruba y Bonaire en 1499, las llamaron "Islas Inútiles". Eran pequeñas y carecían de oro y no despertaban gran interés en España, que acabaría cediéndolas a Holanda. Pero Curaçao cuenta con un gran tesoro: una tradición literaria rica, reconocida y profundamente diversa. Con apenas 444 kilómetros cuadrados y una población de 148.406 personas, la isla ha producido libros en cuatro idiomas, a un ganador del importante premio holandés Van der Hoogt y otorga dos prestigios premios de literatura al año: el Boeli van Leeuwen y el Cola Debrot.

Curaçao pasó a manos holandesas en 1634 y fue asiento de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, empresa que la transformó en un centro importante del tráfico de esclavos y de comercio dentro del Caribe y el Atlántico. La gran confluencia de personas dio a luz al papiamento, un idioma con elementos de español, portugués, inglés y holandés. De esos orígenes mixtos apareció primero una tradición oral con canciones y cuentos en papiamento e inglés, algunos de los cuales narran el folclor africano. Entre ellos están los de Kompa Nanzi, el nombre que le dieron en la isla a la figura de Anansi, la araña astuta, que representa el espíritu del conocimiento que traen las historias.

La literatura escrita apareció en el siglo XIX, y en español. Su foco fue la revista Notas y Letras, publicada entre 1886 y 1888. Wim Rutgers y Liesbeth Echteld dicen que la importante revista tenía mucho contacto con el mundo literario venezolano y el del resto del continente. En la publicación hasta aparecieron textos de la bogotana Soledad Acosta de Samper, una exitosa escritora que publicó en varios géneros, desde relatos de viajes hasta obras de teatro, pasando por novelas, artículos y cuentos. También fue historiadora y traductora en pleno siglo XIX, cuando las mujeres estaban excluidas de las esferas políticas y culturales.

En los textos Acosta de Samper se puede vislumbrar el mundo en el que vivió: una Colombia que apenas empezaba y un mundo que empezaba a transformarse por el proceso de industrialización, todo visto desde la complicada posición social que ocupaba al ser una mujer altamente educada. Publicó varias obras en la isla, que contaba con reconocidas casa editoriales. Estas atraían escritores y fomentaban la escritura. Curaçao contaba con una comunidad de escritores latinoamericanos que habían dejado sus países y colaboraron para establecer a la isla como un centro cultural. En esa misma época, Joseph Sickman Corsen, nativo de Curaçao, escribe el primer poema publicado en papiamento, Atardi (Atardecer).  

Desde principios del siglo XX el papiamento ha dominado tanto el habla como la literatura de la isla, si bien eso no impidió que se creara una tradición literaria en holandés, con autores como Tip Marugg, Boeli van Leeuwen –que le da el nombre a uno de los premios que otorga la isla–, y Frank Martinus Arion, ganador del premio Van der Hoogt. Aunque la isla ya dejó de ser colonia de Holanda, hoy aún funciona como una parte autónoma del Reino de los Países Bajos y el holandés es uno de sus idiomas oficiales.



Una profusión lingüística



La literatura del Caribe holandés está profundamente atada al multilingüismo y las dinámicas impuestas por el colonialismo (hasta se pueden dividir los periodos literarios por la lengua que los domina). A pesar de que la vida diaria de Curaçao y de otras islas del Reino ocurre en papiamento, todavía se habla varios idiomas. A la hora de escribir, un autor de Curaçao no solo debe decidir qué va a decir sino en qué lengua.

La isla ha producido grandes escritores en papiamento como Luis H. Daal y Elis Juliana. En las últimas décadas también ha tenido grandes escritores en holandés y otros que han migrado a Holanda. Uno de ellos, Walter Palm, escribe en cuatro idiomas: papiamento, español, inglés y holandés. En esta edición de la Feria del Libro de Bogotá estarán presentes autores de la isla como Tommy Wieringa, quien se crió allí, y el escritor juvenil Roland Colastica. También habrá una edición ilustrada de Una Holandesa en América, de Soledad Acosta de Samper. 


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